¿Mi candidato? R/: Costa Rica

La “tibieza política” la traigo de familia. Mis papás por mucho tiempo fueron “mariachis”, pero nada más eso, nunca me enseñaron a creer en un partido político por una razón más allá de lo emocional. Hoy les agradezco de alguna forma esa apatía pues creo que en estas cosas de la política conviene a veces desteñirse, principalmente cuando llueve incompetencia, falta de moral, pérdida del compromiso e intereses individuales.

Creo que cuando los colores se suben al cerebro o llegan al corazón pueden volverse muy virulentos y no hay democracia que resista los síntomas. Vivir del pasado, argumentar con el miedo y regodearse de los logros ajenos son algunas manifestaciones de la infección.

No quiero aquí justificar a mi candidato, sino justificar mi voto. Aunque el derecho al sufragio trae consigo la garantía de ejercerlo de manera secreta, estoy convencido de que mi decisión no es aislada sino que por el contrario, tiene que ver con los próximos cuatro años de todo un país y eso, quiera o no, debería importarle. Somos un país con más de 4 millones de personas, pensar de manera individual es egoísta y contraproducente.

Tengo 25 años y estudié en la Universidad de Costa Rica gracias a una beca socioeconómica categoría 10. Probablemente habría sido muy difícil para mí haber cursado una carrera en esa institución sin ese beneficio. De ahí mi primera razón de elección: Yo no quiero un país en el que la educación sea cada vez más inaccesible. Prefiero un país lleno de profesionales que tengan al igual que yo la oportunidad de solucionar sus problemas y los míos. Quiero que el trabajo que desempeñen las personas en el futuro responda a una elección con un panorama de oportunidades y no basada en una necesidad inmediata y meramente económica.

Mis cuatro hermanos y yo somos hijos de un padre con trabajo propio y una madre ama de casa; los cinco nacidos en hospitales de la CCSS. Un hospital o clínica privada los conocemos únicamente por fuera y por suerte las necesidades de atención de salud que hemos tenido las resolvimos en hospitales estatales. Mi segunda razón de elección: Me preocupa que la seguridad social llegue al punto de ser inaccesible para la mayoría de la población. Quiero un país que tenga la capacidad de atender los retos en materia de salud de una población que crece, que envejece, un servicio de salud que actúe no solo en términos curativos, sino en materia preventiva, a largo plazo.

Hice mi trabajo final de graduación junto a dos grandes amigos, colegas y profesionales sobre los asentamientos informales y las inequidades en salud. La experiencia y el contacto con una población en riesgo social y con grandes problemas en materia de salud, servicios básicos, educación y recursos económicos fundamentan mi tercera razón de elección: Quiero un gobierno que vea el problema de la pobreza como un conjunto de factores que afectan a personas vulnerables, no como un problema que generan las personas que lo sufren, como se cree erróneamente. Me interesa que el problema se trate precisamente bajo el concepto de inequidad, entendida esta como una desigualdad injusta, pero evitable.

Probablemente no existe un candidato que llene todas mis expectativas, pero el proceso electoral no se trata de desconfiar de todos los candidatos, sino de saber en quién confiar. Como en cualquier tipo de relación humana eso toma tiempo; la experiencia, la educación y el interés de ambas partes tienen un rol fundamental en ese proceso. No busqué el candidato perfecto, sino el candidato con el que tuviera más puntos en común y el que mostrara tener los argumentos necesarios para ganarse mi confianza. Yo no elegí un partido que nos resolviera -a usted y a mi- los problemas en cuatro años, sino uno que me dé la esperanza y las herramientas para afrontar el futuro con todas sus dificultades. No existe la perfección, quien le venda esa idea o le dé esa impresión debería encender sus señales de alerta.

Ondear una bandera de un partido político al frente de mi casa el 2 de febrero no está dentro de mis planes, pero ya decidí lo que quiero hacer después de esa fecha. Quiero dejar de solo exigir mis derechos ciudadanos y comenzar a ejercer mis deberes, mis responsabilidades y construir un país no con concreto sino con ideas pensadas en una mayoría de la que soy parte. Probablemente si pasa por mi casa el 2 de febrero no se va a encontrar la bandera de un partido político, pero sí la de Costa Rica.

Olvidé decir: voy a votar por Luis Guillermo Solís, el candidato del PAC.

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