Gatear y llorar: cosas de adultos

Pocas veces los seres humanos somos capaces de admitir nuestra naturaleza animal. En la cúspide de la cadena alimenticia y evolutiva, nos enorgullecemos de la racionalidad que nos distingue enormemente del resto de seres que habitan el planeta. Sin embargo, bajo nuestra compleja humanidad subyacen de manera silenciosa algunos de los reflejos más extraordinariamente simples, heredados de nuestros ancestros más primitivos.

El llanto y el gateo son ejemplos de algunos de los vestigios que quedan de nuestro camino como especie, un viaje relativamente corto, pero lleno de cambios dramáticos. En un periodo de entre 100.000 y 120.000 años -una fracción de segundo en términos geológicos-, el homo sapiens-sapiens ha logrado un desarrollo sin precedentes conocidos en la Tierra, pero no ha sido capaz de despojarse de algunas manifestaciones que lo sujetan a su pasado evolutivo y lo mantienen conectado con su origen mamífero. Acá presentamos dos de los elementos que han perdurado en nuestro curso evolutivo y que condicionan hoy en día quiénes somos y la manera en qué socializamos con nuestros pares.

El llanto

En los primeros meses de vida, esta señal de alerta se vuelve esencial para nuestra supervivencia. Es la manera en que, ante nuestro estado de vulnerabilidad, logramos comunicar que necesitamos que nos protejan; ciertamente, una señal muy exitosa. Este tipo de señal la compartimos con al menos todos los mamíferos y representan dos situaciones, fundamentalmente: dolor físico y falta de seguridad.

Los gritos y el llanto en los conciertos tienen sentido por ser una conducta legitimada por el colectivo.

Esta forma de expresión no verbalizada cambia conforme crecemos y nuestras interacciones sociales se vuelven más complejas, aunque en el fondo sigue siendo lo mismo. Desmond Morris, autor del libro El mono desnudo, plantea el ejemplo de los adolescentes que gritan, lloran, se retuercen y gimen ante sus ídolos. Morris argumenta que estas son manifestaciones clásicas de miedo intenso estabilizadas de manera deliberada; de esta forma, este tipo de reacción intensa, como todos los estímulos de insoportable intensidad, pasan al campo del dolor, en este caso reducido de manera artificial.

Conforme crecemos, el llanto se convierte en un vehículo más refinado de emociones. Ya el llanto no se asocia solamente al dolor físico o al miedo, sino a la tristeza, felicidad, estabilidad emocional y a conductas o estados psicológicos más complejos.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Tilburg, en los Países Bajos, se dio a la tarea en 2001 de asociar ciertos rasgos básicos de personalidad de hombres y mujeres, con el fin de relacionarlos con su propensión al llanto. Uno de los factores que  se esperaba que condicionaran la frecuencia y la facilidad de llorar entre ambos géneros fue el del estereotipo del sexo, lo cual se reflejó en el estudio, puesto que las mujeres fueron las que obtuvieron el mayor porcentaje en cuando a la frecuencia y propensión al llanto.

El Gateo

El gateo es una etapa importante en el desarrollo de los seres humanos y marca el inicio de las relaciones sociales.

Numerosos estudios han demostrado que el gateo es una fase importante de nuestra niñez, pues moldea la forma en que percibimos e interaccionamos con nuestro entorno. Es así como acciones que consideramos tan simples como aprehender objetos o ubicar a otros mediante la memoria espacial se desarrollan en esta esta previa a los primeros pasos. Nuestras interacciones sociales no son ajenas a la influencia del gateo.

El gateo representa el hito en el que la relación del niño con la madre – una relación básicamente de dependencia- se torna más interactiva y el niño empieza a relacionarse aún más con lo que le rodea; es en esta etapa donde el instinto exploratorio del infante florece.

Ciertamente, los bebés que ya caminan suelen interaccionar más con sus madres y el entorno, así como gesticular más, pero, tal y como lo señala el estudio de Melissa W. Clearfield, Learning to walk changes infants’ social interactions, esto se debe al proceso natural de maduración del niño.

Si querés saber más sobre el gateo y sus implicaciones, podés escuchar este podcast de Laura Solera Thomas:

Dos elementos tan comunes como el llanto y el gateo condicionan desde muy temprana edad una parte de quiénes somos actualmente. El hecho de que estos dos comportamientos tan rudimentarios se mantengan en el ser más exitoso en términos evolutivos, es una clara muestra de su importancia en su desarrollo y éxito como especie. Hemos conquistado el mundo al ritmo de los bebés y hemos formado una buena parte de nuestras sociedades con momentos de llanto.

Admitir que somos animales no es tan malo, pues somos maravillosamente complejos; sencillamente maravillosos.

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One response to “Gatear y llorar: cosas de adultos”

  1. daniellabrat says :

    Good articles and very good stuff, thanks! I follow your blog …

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