Hablemos de transgénicos. Posibles impactos ambientales

En la primera entrega hablamos sobre los transgénicos y su relación con la industria agroalimentaria. Discutimos sobre la forma en que estos productos permitieron un crecimiento exponencial de la producción de alimentos, pero no han logrado resolver el problema de la distribución desigual. Revisamos algunos datos que nos muestran la cantidad de alimento que se desperdicia a nivel mundial y nos planteamos algunas preguntas sobre qué podemos hacer al respecto.

En esta segunda entrega, nos enfocaremos en los posibles impactos ambientales que podrían generar los OGM’s en el ambiente desde el punto de vista ecológico, tanto en el nivel de las relaciones con otras especies como a nivel de alteraciones del ecosistema en el que se insertan. Analizaremos algunas cifras que han generado investigaciones en este campo y buscaremos los vínculos existentes con la entrega anterior. Comencemos.

Hablemos de ambiente

La fumigación área en las bananeras del sur de Costa Rica se realiza aún cuando niños y niñas juegan en la plaza de su escuela.

Hablar de ambiente es más que un tema de moda. Implica no solamente pensar en términos de naturaleza, sino de todos aquellos entornos en que se encuentran insertos y vinculados los seres humanos, las plantas y los animales. En este sentido, es fácil entender por qué las alteraciones que causemos tanto en los ambientes naturales como los antrópicos repercuten en todo el medio y en todos los organismos que habitan en él, incluidos nosotros.

Recordemos que los OGM’s han sido creados con el fin de ser más eficientes, más resistentes, más productivos. Han sido creados con el fin de ser mejores. Por otro lado, tenemos en la naturaleza lo que denominamos como selección natural. Bajo este proceso las especies de plantas y animales viven en una constante lucha en la que solo los individuos más aptos sobreviven. En condiciones normales la selección natural toma años en hacerse evidente.

Argentina es el tercer país a nivel mundial donde se cultiva mayor cantidad de productos genéticamente modificados

Además, debemos considerar otro aspecto muy importante: las relaciones que tienen los individuos vivos con su entorno. Pensemos en una especie de ardilla que se alimenta de nueces que crecen de un árbol específico, ahora imaginemos que una enfermedad comienza a reducir paulatinamente la población de esta especie de árboles.

Las ardillas que diversifiquen su dieta serán probablemente las que finalmente logren sobrevivir, mientras que las que al final de la extinción de estos árboles no hayan cambiando sus hábitos alimenticios, desaparecerán. Este ciclo de la naturaleza se ha repetido siempre. De hecho, el total de especies que se encuentran actualmente en el planeta no representan ni el 1% de la especies que han pasado por él.

Y ¿dónde entran los transgénicos? Pues precisamente en ese tipo de relaciones. Los transgénicos son básicamente saltos enormes en la selección natural y la “evolución”; forzar el proceso de adaptación de especies podría provocar grandes desequilibrios en los ecosistemas, poniendo en peligro a las especies que no son capaces de seguir el ritmo de cambio de estas relaciones.

Aunque existe un largo proceso para liberar un organismo genéticamente modificado al ambiente, no existe una cantidad significativa de estudios que garanticen la seguridad de liberar estos organismos; por otra parte, tampoco hay investigaciones que comprueben con total certeza los riesgos asociados a la liberación de especies transgénicas en entornos naturales. Sin embargo, existe otro tipo de impactos más visibles a nivel macro que podrían relacionarse con el uso de OGM’s.

En el año 2010, se cultivaron en Brasil 25,4 millones de hectáreas de productos a los que se les ha aplicado biotecnología. Las razones para utilizar este tipo de productos quizás estén relacionadas con mejores cosechas y bajos costos de mantenimiento, no obstante, apostar por sembrar de manera masiva este tipo de cultivos tiene graves repercusiones.

Veamoslo así:

La rentabilidad de productos como el banano se basa en cultivar grandes extensiones de tierra. En las plantaciones trabajan personas de todas las edades, incluyendo niños.

El hecho de cultivar productos tan eficientes implica que se puede obtener varias cosechas al año y que los periodos en los que el suelo estará desocupado será el mínimo posible, pero para que sean rentables, su producción debe ser masiva.

Con este panorama, es muy probable que se incorporen grandes cantidades de productos químicos para compensar los nutrientes del suelo perdidos cosecha tras cosecha. Además, súmele a esto la cantidad de plaguicidas que deben utilizarse para conservar sanos los cultivos, los cuales probablemente se infiltrarán en el suelo y aumentaran el riesgo de contaminación de fuentes de agua subterránea; del mismo modo, la escorrentía causada por las lluvias podría arrastrar estos productos químicos a cuerpos de agua superficiales y alterar el ecosistema acuático.

Acá podés encontrar el perfil de varios países que implementan cultivos manipulados mediante biotecnología.

Esta es una realidad a la que se enfrentan todos los países del mundo. Costa Rica, por ejemplo, es considerado por the World Resources Institute (WRI) como uno de los países que más plaguicidas utiliza a nivel mundial, en 2001, estimó que Costa Rica utilizó 20.4kg por hectárea, cantidad muy por encima del resto de países. Datos más recientes del Informe Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible 2010, determinaron que para 2008 esta cifra ascendió a 30kg por hectárea.

Si querés revisar más datos ambientales del Estado de la Nación 2010 para Costa Rica, dale click acá

Vale la pena recalcar que, aunque la cantidad de cultivos transgénicos es menor a la cantidad de cultivos no modificados genéticamente, su comercialización es muy significativa y genera gran peso en el mercado mundial de alimentos. En este en enlace podés encontrar a los principales países comercializadores de este tipo de cultivos y concluir si realmente has consumido OGM’s.

La información con respecto a este tema es muy controversial, puesto que resulta muy claro que los intereses económicos detrás son enormes. La industria de los cultivos transgénicos ha sido impulsada enormemente por la industria de productos agroquímicos, vínculo que hace dificil el cambio en los modelos de producción, respaldados por las políticas económicas de países industrializados como Estados Unidos.

Monsanto, el mayor vendedor de semillas modificadas, puso como objetivo que para el 2009 su ganancia bruta fuera de 9,75 billones de dolares. Se debe tomar en cuenta que Monsanto crea sus productos plaguicidas para funcionar exclusivamente con sus variedades de semillas modificadas genéticamente; es decir, si querés aplicar un plaguicida para tu planta de modificada genéticamente por Monsanto, es muy probable que tengás que usar plaguicidas Monsanto.

Se hace más que evidente que los impactos ambientales van más allá de liberar en el campo un organismo genéticamente modificado. Probablemente, como regla general de la selección natural, pasarán décadas hasta que seamos capaces de percibir cambios mínimos en los organismos que interaccionan con otros OGM’s en su ambiente natural. Sin embargo, actualmente somos capaces de observar cambios a mayor escala, derivados directa e indirectamente de la mecánica de la industria y el mercado de los organismos transgenicos.

Lo que sí es claro es que, si se presentan alteraciones en el ecosistema, es muy probable que se estén presentando cambios más pequeños en los elementos bioticos y abioticos que los componen y que finalmente se expresan en degradaciones ambientales que suman al cambio climático. Claramente, dentro de estos elementos que están siendo modificados, nos encontramos nosotros.

En la siguiente entrega veremos más a fondo cómo nos afectan los organismos transgénicos y la controversia que se genera a nivel conceptual para justificar el uso de este tipo de organismos para abastecer la producción mundial de alimentos.

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  1. Hablemos de transgénicos. Nuestra salud « - abril 18, 2012

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