Diques para pobreza

Hace ya varios meses que el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (INCOFER) y el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) trabajan en conjunto para habilitar la vía férrea que comunica las provincias de San José y Cartago. Las labores de limpieza de vías, cambio de rieles y reconstrución de puentes marcan el paso hacia la puerta de la Vieja Metrópoli.

Luego del atravesar Tres Ríos y el cerro de Ochomogo hasta San Nicolás, una ligera curva en las vías pone al tren de frente a los Diques, construidos por el ejército estadounidense  en 1964 para contener la posibilidad de que otra avalancha arrasara con gran parte del centro de la antigua capital, luego de la erupción del Volcán Irazú  en 1963 que impactó un área estimada de 126 000 Ha.

La abertura en la montaña artificial conduce a lo que queda de un puente que corta un hilo de agua café: el río Reventado, muerto desde aguas arriba por la actividad minera no metálica. El pequeño cauce tiene compañía en la margen izquierda de su llanura de inundación: Barrio Nuevo; un asentamiento informal cuyo nombre perdió vigencia hace casi 30 años.

Al otro lado del puente, la calzada natural de piedras de río adoquina la calle polvorienta que se adentra en el precario. En los días soleados es un patio de juegos, en época de lluvia es el alcantarillado sanitario; todos los días demarca la línea entre la legalidad y la ilegalidad.

Barrio Nuevo

Barrio Nuevo es una comunidad en el limbo de los gobiernos municipales, los trámites burocráticos, las decisiones

La puerta a la ciudad de Cartago

erróneas y la necesidad de tener un techo, todo contenido entre Diques de abandono.

Basta caminar unos cincuenta metros desde la entrada de Barrio Nuevo hasta el Dique del lado este para llegar a Fátima, una comunidad establecida en terreno lícito. A diferencia de Barrio Nuevo, en Fátima no existe un Decreto Ejecutivo que prohíba cualquier construcción por riesgo de lahar.

Desde 1983 Barrio Nuevo comenzó a poblarse. Uno de los primeros en colonizar fue Gilberto Mora, un hombre alto y de piel rojiza quién vio en la llanura del Reventado un lote al que solo le faltaba su rancho. Muchos lo siguieron. “Había que ser muy pobre para venir a meterse aquí”, medita don Gilberto en voz alta.

La primera lucha que libró junto a los primeros vecinos fue por conseguir agua. Rompieron una tubería principal y con los tubos de pvc donados por un funcionario del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (A y A) se extendió el arcaico sistema de distribución de agua potable.

La tubería cruza entre las zanjas que conducen las aguas residuales hasta el río y se cuela entre las casas por donde mejor conviene. Los factores de riesgo asociados van desde la infección con parásitos intestinales como Ascaris lumbricoide hasta contraer enfermedades más graves como el cólera, pero el agua es imprescindible.

Hubo varios intentos por sacar a la creciente población del lugar, principalmente por considerarse un foco de delincuencia muy cercano al centro de Cartago – diez minutos caminando entre la línea del tren -. No obstante, la falta de coordinación entre el gobierno municipal y la Junta Administrativa de Servicios Eléctricos de Cartago (JASEC) permitió que la comunidad tuviera alumbrado público. Grave error.

Dotar a la comunidad de alumbrado implicó de manera indirecta reconocer la presencia de una comunidad que, en efecto, no debía existir. Estudios de asentamientos informales en América Latina señalan que dotar de servicios básicos a un precario, por ejemplo, es la forma más frecuente de legitimar una comunidad que posteriormente exigirá más servicios. La comunidad pasó así a ser legítima, pero ilegal.

Soluciones parciales

Las casas de emergencia de Un Techo Para Mi País: el sueño hecho realidad de una casa propia

A pesar del Decreto Ejecutivo de 1994 donde se prohíbe cualquier tipo de construcción, la comunidad siguió extendiéndose sobre los Diques y al lado del río. Proyectos de bien social como Manuel de Jesús Jiménez intentaron reubicar a esta población, pero muchos del nuevo barrio regresaron. Otros nunca se fueron. Proyectos como Un Techo Para Mi País (UTPMP) contribuyen a agravar la situación.

Las viviendas de emergencia de UTPMP que se construyen en el lugar donde el riesgo de desastre está latente, no representan un techo temporal para las personas que reciben este tipo de ayuda. Por el contrario, se convierten en una forma de perpetuar el ciclo de pobreza en que se encuentran inmersos los pobladores de Barrio Nuevo.

Estudiar las condiciones de las personas y los asentamientos poblacionales donde se brinda ayuda es fundamental. La movilización de voluntarios de UTPMP es asombrosa, sin embargo, enfocar los esfuerzos mediante una adecuada selección de las poblaciones afectadas podría significar la diferencia entre ayudar a las personas necesitadas y perpetuar las condiciones de riesgo a las que se exponen día a día.

La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) decidió delegar a Gilberto la suerte de la comunidad en caso de que una nueva avalancha ocurriera; así como se convirtió en el vigilante de Barrio Nuevo. Frente a su casa muestra orgulloso la torre donde una vez estuvo la sirena para alertar a los vecinos. Dentro de su casa, en una esquina del piso de tierra, el viejo radio para comunicarse con las comunidades río arriba está sepultado por una pila de periódicos. Desde hace años la CNE prometió cambiarlo; “todavía los estoy esperando”, cuenta Gilberto, con tono de preocupación.

Si desea ver el mapa de amenazas de la Comisión Nacional de Emergencias para la zona central de Cartago, haga click aquí

El riesgo de desastre no es la única preocupación que recorre el precario. El estigma  de vivir en los Diques hace que

Los asentamientos informales requieren soluciones definitivas

para los colonizadores de Barrio Nuevo una verdadera integración social sea difícil, pues tiende a asociárseles con la delincuencia que años atrás caracterizó al lugar; el rechazo social ha sido parte de la historia de la comunidad.

Entre el Proyecto Manuel de Jesús Jiménez y el Residencial Cartago, un muro de concreto dividió ambas urbanizaciones por varios años como si se tratara de Alemania Oriental y Occidental, hasta que se ordenó abrir el paso nuevamente. Actualmente solo quedan partes del muro que separaba las viviendas del Residencial de las de los reubicados.

Sin embargo, la realidad no cambia mucho. Un muro de concreto o dos Diques no son muy diferentes cuando el abandono y la falta de decisión y recursos para resolver la situación precaria de una comunidad se mantienen como un secreto público al margen de un río.

Entrar por la puerta de la ciudad de Cartago en tren es la vitrina de un problema que no se resolverá con soluciones parciales; tarde o temprano el río Reventado que hoy se escurre calmo al lado de Barrio Nuevo reclamará su terreno. Solo resta esperar que para entonces, el tren se haya llevado las profundas desigualdades sociales escondidas en el cañón de los Diques de Cartago.

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3 responses to “Diques para pobreza”

  1. daniellabrat says :

    MUY BUEN APORTE SOCIAL, EXELENTE .

  2. Steven Molina - sonconvos says :

    Muy agradecido. Una problemática latinoamericana que hace falta visibilizar aún más. Falta mucho por hacer.

    Saludos, pura vida, Daniel.

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  1. Los desastres: ni naturales ni inevitables « - mayo 28, 2012

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